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SIGUEN LOS ATROPELLOS Y LAS VIOLACIONES A LOS DERECHOS HUMANOS
El día de ayer, 29 de diciembre del ano en curso, el gobierno del Estado de Oaxaca una vez mas se burla no solo del sentimiento y el dolor de los familiares de los detenidos en los penales de Tlacolula y Miahuatlan.
Ahora también se trata de burlar del pueblo y la opinión Este acto político busca denigrar no solo la imagen de la presidenta de la LIMEDDH
en Oaxaca, sino también desacreditar el trabajo y labor tan necesaria y titánica que realizan todos los organismos de derechos humanos en ese estado. Aproximadamente a las 6 de la tarde los licenciados Leonel Colmenares y José Juárez se apersonaron en el centro de readaptación social de Tlacolula en el estado de Oaxaca y por medio de engaños hicieron firmar a 5 reclusos con la información antes citada y manipulando inhumanamente su derecho a la inmediata libertad. Se han prestado para solicitar al gobernador del Estado su ayuda para la liberación de ellos.
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De lo anterior se comprende la falsedad plena y absoluta de dicho documento ya que solo pretende hacer creer que es el gobierno del estado por suplica de los reclusos quien esta obligado a velar por la libertad de los reclusos. Falso, la libertad de todos y cada uno de ellos es un derecho inalienable que en primer lugar fue violentado por el mismo gobierno estatal. Segundo, las libertades que se han dado con anterioridad a estas son manipuladas toda vez que se encuentran bajo fianza. En repetidas ocasiones personas que ahora están libres, refieren que los han tratado de obligar a firmar un documento comprometiéndose a no participar en actos públicos de la APPO.
Degradante, esta es la actitud del Gobierno Estatal que pretende ahora hasta hacer renunciar a un derecho Constitucional como lo es la Libre Manifestación a los detenidos de manera arbitraria e ilegal desde el 14 de junio hasta la fecha en el Estado de Oaxaca.
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Por lo todo lo Anterior:
1. Refrendamos nuestro reconocimiento y apoyo a las Todas las Ornagizaciones No Gubernamentales de Derechos Humanos que se encuentran trabajando en el Estado de Oaxaca.
2. Exigimos al Gobierno de Ullise Ruiz Ortiz deje de manipular y comprometer alos derechos irrestrictos de todos los detenidos en Oaxaca.
3. Responsabilizamos al Gobierno de Oaxaca de todo aquello que pueda ocurrirles a los Integrantes de la LIMEDDH y en especifico a la Lic. Yesica Sanchez Maya residenta de etsa organización en ese Estado.
4. Exigimos la Libertad inmediata e incondicional de todos los presos de conciencia en Oaxaca.
5. Reconocemos como unico Medio de comunicación entre el gobierno Federal y la Asamblea de los Pueblos de Oaxaca a la APPO, y se;alamos que la proteccion de los derechos humanos no es un privilegio de grupo, sino una atención y compromiso ante las graves violaciones de la persona frente al Estado en Oaxaca.
Solidarizate con la LIMEDDH escribe a la siguiente direccion
limeddh@prodigy.m
Con copia a:
"Asociacion Mexicana de Asesores en Derechos Humanos AMADH"
amadhmexico@hotmail.com
Y lee en este blog, por favor, algunas instrucciones y sugerencias para apoyar la lucha del pueblo de Oaxaca. Las hallarás en la sección¿Cómo puedo ayudar?
LA APPO VUELVE A LAS CALLES DE OAXACA
Por: INFODEMEX (Fecha publicación:11/01/2007)
La consigna '¡Ya cayó, ya cayó, Ulises ya cayó!' volvió a escucharse por las calles de esta ciudad, durante la primera protesta del año de la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO). A pesar de la presencia policiaca, cientos de simpatizantes de la organización demandaron una vez más la destitución del gobernador Ulises Ruiz Ortiz, la salida de la Policía Federal Preventiva (PFP) del estado y la libertad de todos los 'presos políticos y de conciencia'.
'Queda una vez más demostrado que este movimiento está más vivo que nunca y en pie de lucha', afirmó Tomás Martínez Pinacho, del consejo estatal de la APPO, durante el mitin que se realizó después de la marcha en la Plaza de la Danza.
En la manifestación participaron parientes de los activistas encarcelados, quienes formaron el Comité de Familiares de Asesinados, Desaparecidos y Presos Políticos de Oaxaca (Cofadappo), además de integrantes de organizaciones sociales, colonos, campesinos, universitarios y profesores de la sección 22 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE).
'¡Si Ulises no se va, la paz no llegará!', '¡Presos políticos libertad!', '¡Hombro con hombro, codo con codo, la APPO, la APPO, la APPO somos todos!', fueron algunas de las consignas que corearon los manifestantes por las calles y avenidas donde circularon.
La movilización partió aproximadamente a las 17:15 horas de la fuente de las Siete Regiones, rodeada por decenas de agentes de corporaciones policiacas locales apostadas en las inmediaciones. De ahí avanzó por la calzada Porfirio Díaz, continuó por Héroes de Chapultepec, Joaquín Amaro, Tinoco y Palacios, y Morelos, para terminar en la Plaza de la Danza.
HISTORIA DE UNA VIOLACION Y DEPORTACION
Enviado por: "ciudadanos grupouno" ciudadanosgrupouno@yahoo.com.ar
Difundido por Política Cono Sur
Sáb, 20 de Ene, 2007 3:38 pm (PST)
Friday, May 26, 2006 Concepcion, Chile, mayo de 2006. Mi nombre es Valentina. Mis amigos dicen que en la lista de detenidos aparecía como Valeria Palma o Larissa Palma. Es lógico: los que anotaron mi nombre y declaración no saben nada de mí. Para ellos soy un nombre cualquiera, unas nalgas cualquiera, unos senos cualquiera. Sólo que ellos también pueden ser cualquiera. Un policía sin uniforme es también cualquiera de esos rostros mexicanos que estaban tendidos junto a mí llenos de sangre, llenos de miedo, llenos de rabia por la impotencia.
Impotencia es lo mismo que siento yo aquí, deportada y alejada de mis amigos, de mi vida en México. Es cierto, Chile es mi país de nacimiento, pero yo escogí a México como el país donde quería vivir. Y ahora estoy aquí porque alguien decidió arrancarme diez años de vida. Alguien que no son esos policías que me detuvieron, ni los que me golpearon y me robaron mi cámara, ni los que me manosearon, ni los que veo por la calle y me dan miedo no importa en qué país. Alguien que tampoco son los funcionarios de migración que me deportaron sin decir por qué, ni los agentes que me asignaron en el vuelo hasta Chile. Como a una delincuente de altos vuelos. Así me hicieron sentir. Sólo que mi delito es raro: no sé en que parte del Código Penal aparece. Se trata de portar una cámara y mirar. De registrar lo que sucede a mi alrededor y comprometerme con decirlo. Para no olvidarlo, para aprender, por eso lo comparto.
Nunca nadie me dijo que era delito ser documentalista, mucho menos que se requería cierta nacionalidad para serlo. Tal vez si en algún apartado del examen de admisión al Centro de Capacitación Cinematográfica (CCC) alguien hubiera puesto una pequeña advertencia, así hubiera sido en letras mínimas. Como las que suelen hablar de castigos en los contratos, cláusulas, creo que se llaman.
Pero no, nada de cláusulas había en aquel examen. Y el CCC es una escuela gubernamental. Pertenece al Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, que representa la cultura en México, mi país adoptivo. Un país en el que he estudiado dos carreras universitarias, y en ninguna me hablaron de delito parecido a portar una cámara. Así que allá fui, a San Salvador Atenco después de saber que habían asesinado a un niño de 14 años. Tal vez les parezca absurdo, pero yo creía que no me podía pasar nada si sólo iba a registrar el conflicto. Y no fui la única que lo pensé: había mucha gente de la prensa que pensó lo mismo, que se sentía segura. No me pregunten por qué, tal vez sólo es que creía en lo que dicen los que saben, eso de que vivimos en un estado de derecho. Y la democracia y todo eso que tanto se dice a diario en todos lados, por tanta gente, tantos señores de traje, tantos padres de familia que lucen muy respetables. Y yo pensando: estos policías tienen familia, y no
porque tengan hijas de mi edad, pero tienen hermanos o padres de la edad del abuelo que a mi lado se desangraba en el camión de la policía en el que íbamos apilados como mercancías. “No estibar más de tres detenidos”, debería estar escrito en las paredes de esos camiones. Y ahí, en medio del olor a sangre y los llantos en los oídos, trataba de pensar en mi desesperación. Para evadirme trataba de hilar una explicación para lo que estaba pasando, para lo que estaba viviendo, para entender cómo es que a alguno de los tantos que golpeaban a los tan pocos no se le cruzara por la cabeza una imagen de familia, de reconocer o reconocerse en alguno de los 200 que íbamos dando tumbos en los camiones atestados.
Estoy aquí contándoles esto y me pregunto si podría contestarles. Si podría explicarles a ustedes cómo hacen los policías que nos golpearon para llegar a casa y abrazar a su familia; cómo hacen los políticos para decir en voz alta: “aquí no pasó nada” mientras miran por la tele las golpizas; cómo hacen los periodistas que estuvieron ahí para no morirse de impotencia por saber que hay gente que no escucha sus palabras porque no les cree; cómo hacen los generales o vicealmirantes para dar órdenes a 3 mil policías de arrasar un pueblo completo e irse a dormir tranquilos; cómo hace el mundo para enterarse de todo lo que se entera y apagar el televisor para seguir su rutina. No puedo contestarles, no sé cómo lo hacen.
Yo no podría. No sabiendo que los rostros de aquellas personas que no conozco y seguirán en mi memoria para siempre siguen llorando sangre.
posted by Valentina Palma Novoa | 7:08 PM | 8 comments
Wednesday, May 10, 2006 Carta de Valentina Palma Novoa
Mi nombre es Valentina Palma Novoa, tengo 30 años, de los cuales los últimos once he vivido en México. Soy egresada de la Escuela Nacional de Antropología e Historia y actualmente curso el cuarto año de Realización cinematográfica en el Centro de Capacitación Cinematográfica. Tengo FM 3 de estudiante.
A continuación quisiera relatar a usted los acontecimientos de los que fui testigo durante los violentos incidentes ocurridos en el poblado de San Salvador Atenco el jueves 4 de mayo del 2006, los cuales terminaron con mi expulsión del país de manera injusta y arbitraria.
1.- El día miércoles 3 de Mayo, luego de ver las noticias en televisión y enterarme de la muerte de un niño de 14 años, mi condición de antropóloga y documentalista hizo que me conmoviera con el deceso de este pequeño por lo cual decidí dirigirme a San Salvador Atenco a registrar cual era la situación real del poblado.
Pasé allí la noche, registrando las guardias que la gente del pueblo había montado y realizando entrevistas en las mismas. Hacía frío, me arrime a las fogatas que la gente del pueblo había montado mientras seguía registrando imágenes. La luz del amanecer anunciaba un nuevo día: jueves 4 de Mayo.
Han de haber sido como las 6 de la madrugada cuando las campanas de la iglesia de San Salvador Atenco comenzaron a sonar: tum tum tum tum, una y otra vez, mientras por el micrófono se vociferaba que la policía estaba sitiando el poblado. Las bicicletas iban de un lado a otro, la panadería de un costado de la iglesia ya había abierto sus puertas y la calidez del olor del pan recién horneado inundaba la calle junto con el ir y venir de los campesinos en bicicleta. El señor que vendía atoles me dijo que tuviera cuidado, que los que venían “eran muy cabrones”.
Me dirigí a una de las guardias, donde los campesinos miraban en dirección a la manada de policías que allá a lo lejos se veía. Metí el zoom de la cámara, me di cuenta que eran muchos y que cubiertos por sus escudos avanzaban dando pequeños, imperceptibles pasos. Sentí miedo, ellos eran muchos fuertemente armados y los campesinos pocos y desarmados. En la pantalla de mi cámara veo como uno de los policías apunta y dispara hacia nosotros un proyectil que cuando llego a mi lado pude oler y sentir que era de gas lacrimógeno. Más y más gases lacrimógenos rápidamente fueron sepultando la calidez del olor a pan recién horneado y transformaron el angosto callejón en un campo de batalla.
El aire era ya irrespirable y me fui a la plaza mientras las campanas sonaban con mas fuerza, por diferentes calles se veía a la policía a lo lejos avanzar. La poca resistencia que hubo por parte de los campesinos dejó de resistir ante el ataque de las fuerzas policiales que abruptamente se avalanzaron sobre los pobladores. Apagué mi cámara y junto con los demás corrí lo más rápido que pude. Frente a la iglesia había un edificio público con las puertas abiertas y ahí me metí a esperar ilusamente que la turbulencia pasara. Había ahí dos jóvenes resguardándose también ilusamente del ataque. Éramos tres y nos mirábamos las caras angustiados y con miedo.
Cuidadosamente me asomé a mirar a la calle y vi como cinco policías golpeaban con toletes y patadas a un anciano tirado en el piso sin compasión alguna. Sentí más miedo, regresé y le dije a los otros dos jóvenes que necesitábamos escondernos más, que ahí estábamos muy expuestos. Ilusamente nos subimos a la azotea y acostados boca arriba mirábamos los helicópteros que como moscardones ronroneaban en el cielo, mientras el sonido de los disparos fue formando parte del paisaje sonoro del lugar. Una voz de hombre violentamente nos gritoneaba “bajen a esos cabrones que están en la azotea”.
Primero bajaron los dos jóvenes, yo desde arriba miraba como los golpeaban y con pánico no quise bajar, ante lo que un policía gritó: “bájate perra, bájate ahora”. Baje lentamente, aterrorizada de ver como golpeaban en la cabeza a los dos jóvenes. Dos policías me tomaron haciéndome avanzar mientras otros me daban golpes con sus toletes en los pechos, la espalda y las piernas. Mis gritos de dolor aumentaban cuando escuche la voz de alguien que preguntaba por mi nombre para la lista de detenidos, respondí: “Valentina, Valentina Palma Novoa”, mientras un policía me ordenaba que me callara la boca y otro me golpeaba los pechos.
Una voz de hombre ordenó que me taparan con los escudos para que no vieran como me golpeaban. Se detuvieron a un costado de la iglesia y ahí me ordenaron que junto a los demás detenidos me hincara y pusiera mis manos en la nuca. Siguieron golpeándonos, mi celular sonó y una voz ordenó que registraran mi bolsa. En ese momento fui despojada de mi cámara de video, de mi celular y mi pequeño monedero con mis identificaciones y quinientos pesos.
Me levantaron de los pelos y me dijeron “súbete a la camioneta puta”. Apenas podía moverme y ellos exigían extrema rapidez en los movimientos. Me abalanzaron encima de otros cuerpos heridos y sangrantes y me ordenaron bajar la cabeza sobre un charco de sangre, yo no quería poner mi cabeza en la sangre y la bota negra de un policía sobre mi cabeza me obligó a hacerlo. La camioneta encendió motores y en el camino fui manoseada por muchas manos de policías, yo solo cerré los ojos y apreté los dientes esperando que lo peor no sucediera.
Con mis pantalones abajo, la camioneta se detuvo y se me ordenó bajar, torpemente baje y una mujer policía dijo: “a esta perra déjenmela a mí” y golpeó mis oídos con las dos manos. Caí y dos policías me tomaron para subirme al bus en medio de una fila de policías que nos pateaban.
Arriba del bus otra policía mujer preguntó mi nombre mientras dos policías hombres pellizcaban mis senos con brutalidad y me tiraron encima del cuerpo de un anciano cuyo rostro era una costra de sangre. Al sentir mi cuerpo encima el anciano gritó de dolor, trate de moverme y una patada en la espalda me detuvo, mi grito hizo gritar al anciano nuevamente, que pedía a dios piedad.
Una voz de mujer me ordenó que me acomodara en la escalera trasera del bus, así lo hice y desde ahí pude ver los rostros ensangrentados de los demás detenidos y la sangre esparcida en el piso. Sin estar yo sangrando, mis manos y ropa estaban salpicadas de sangre de los otros detenidos.
Quieta y escuchando los quejidos de los cuerpos que estaban a mi lado, escuchaba como seguían subiendo detenidos al bus y preguntando sus nombres en medio de golpes y gritos de dolor. No sé cuanto tiempo pasó, pero el bus cerró sus puertas y hecho a andar. Dimos vuelta cerca de dos o tres horas. La tortura comenzó y cualquier pequeño movimiento era merecedor de otro golpe más. Cerré los ojos y trate de dormir, pero los quejidos del anciano que estaba a mi lado no lo permitieron, el anciano decía: “mi pierna, mi pierna, dios, piedad, piedad por favor”.
Lloré amargamente pensé que el anciano moriría a mi lado, moví mi mano y trate de tocarlo para darle un poco de calma, un tolete fue a dar sobre mi mano, ante lo cual, con un gesto, pedí compasión al policía que dejó de golpearme. Queriendo darle un poco de amor acaricie la pierna del anciano que por unos momentos dejó de quejarse.
Le pregunte su nombre y me respondió. “Si me muero no lloren, hagan una fiesta por favor”. Lloré en silencio sintiéndome sola en compañía de los otros tantos cuerpos golpeados, pensando lo peor; que nos llevarían a quien sabe que lugar y que ahí nos matarían y desaparecerían a todos.
Por un momento me dormí, pero el olor a sangre y muerte me despertó. Al abrir los ojos vi la pared de una cárcel. El bus se detuvo y una voz ordenó que bajáramos por la puerta trasera. Me ordenaron pararme y la puerta se abrió y mi cara llorosa y descubierta vio una fila de policías, sentí miedo otra vez.
Desde abajo una voz ordenó que se cerrara la puerta y que los detenidos debían salir con el rostro cubierto. Un policía me tapó la cabeza con mi chamarra y las puertas volvieron a abrirse otra vez. Abajo del bus un policía me agarro con una mano de los pantalones y con la otra mantenía mi cabeza gacha. La fila de policías comenzó a tirar patadas a mi cuerpo y al de los demás detenidos que eran parte de la fila.
La puerta del penal se abrió y nos avanzaron por estrechos pasillos en medio de golpes y patadas. Antes de llegar a una mesa de registro, cometí el error de levantar la cabeza y mirar a los ojos de un policía, el cual respondió a mi mirada con un golpe de puño duro y cerrado en mi estómago que me quitó el aire por unos momentos.
En la mesa preguntaron mi nombre, mi edad y nacionalidad, luego de eso me metieron a un cuarto pequeño donde una mujer gorda me ordenó quitarme toda la ropa, pedía rapidez ante mi torpeza producto de los golpes. “Señora estoy muy golpeada, por favor espere” le dije. Me revisó, me vestí nuevamente y volvió a cubrir mi cara con la chamarra. Salí del cuarto y nos ordenaron hacer una fila de mujeres para ingresar formadas y cabeza abajo al patio del penal, que luego me entere que le decían “almoloyita” en la ciudad de Toluca.
Han de haber sido las dos de la tarde del jueves 4 de Mayo cuando ya estábamos dentro de las instalaciones del penal. Nos llevaron a un comedor y nos separaron a hombres y mujeres. En una esquina, en medio de llantos las mujeres nos contábamos las vejaciones de las que habíamos sido objetos.
Una joven me mostró sus calzones rotos y su cabeza abierta llena de sangre, otra contaba que la habían llevado en medio de dos camiones mientras la golpeaban, vejaban y decían “te vamos a matar puta”.
Otra joven me comentó que tal vez y estaba embarazada, todo en medio de llantos y apretones de manos solidarios. El estado de shock entre las mujeres era evidente. En frente nuestro los hombres conversaban entre ellos mientras nosotras observábamos sus rostros sangrantes y deformados producto de la brutal golpiza. En eso estábamos cuando una mujer se acerca a nosotras y empieza a dar algunos nombres y pide que nos separemos del grupo. Éramos cuatro: Cristina, María, Samantha, Valentina. Se nos une al grupo un quinto; Mario.
Éramos los cinco extranjeros detenidos. Al momento llega un hombre, creo que era el director del penal y nos dice que allí donde estábamos, estábamos seguros, que aquí nadie nos golpearía, que lo que hubiese pasado antes de ingresar al penal no tenía nada que ver con él, como si dentro del penal no nos hubiesen también golpeado. Le pedimos hacer una llamada, petición que nos fue negada.
Mientras los detenidos visiblemente más heridos eras sacados del lugar rumbo al centro de atención médica que había dentro del penal; no eran unos ni dos, de los ciento y tantos detenidos que éramos, han de haber habido unos 40 con lesiones gravísimas. Uno de los primeros en salir fue el anciano moribundo que a mi lado en el camión iba, a quien no volví a ver nunca más.
Nos llegó el turno a los extranjeros de ir a hacernos el chequeo médico. Yo tenía moretones en los pechos, la espalda, hombros, dedos, muslos y piernas, se recomendó hacerme una radiografía de las costillas pues me costaba respirar, cosa que en ningún momento se hizo.
La enfermera que tomaba nota y el médico que me atendió actuaba con total indiferencia a mi persona y las lesiones que presentaba. Salí de la oficina médica a esperar que Cristina, María, Samantha y Mario terminaran el chequeo. El seudo chequeo médico terminó y nos llevaron a una sala para tomarnos declaración.
Extrañamente un licenciado salido de quien sabe donde nos recomendó que no prestásemos declaración, comentario que era contradicho por las personas que estaban tras la maquina de escribir.
“Está bien si no quieres declarar, estas en tu derecho, pero sería bueno que dejaras constancia de lo que te pasó”, me decía una licenciada. Mientras hacíamos las declaraciones, comenzaron a llegar al lugar muchos hombres de corbata que haciéndose los chistosos y amables nos preguntaban quienes éramos y como y porque habíamos llegado al poblado de Atenco, que si acaso sabíamos lo peligrosa que era esa gente.
Cayó la lluvia y nos trasladaron al comedor con todos los demás detenidos, se nos obligó a sentarnos y no podíamos establecer contacto con los detenidos mexicanos, si queríamos ir al baño debíamos pedir permiso. Llegaron funcionarios de derechos humanos a tomarnos declaración y fotos de nuestras lesiones, las declaraciones fueron tomadas sin interés, mecánicamente.
Se nos obligó a que registráramos nuestras huellas, nos tomaron fotos de frente y ambos perfiles, nos dijeron que eso no era una ficha, que era un registro necesario pues era muy probable que en la madrugada saliéramos en libertad y que para eso se necesitaba hacer la ficha. Una olla de café frío y una caja con bolillos fueron la cena.
Ha de haber sido la media noche y me acosté en una dura banca de madera a tratar de dormitar un poco, fue imposible, hacía frío y no tenía cobija. Del lado de los hombres, un rasta se dio cuenta de mi impaciencia ante el no poder dormir y comenzamos a hablarnos de un lado a otro con señas. Estábamos en eso cuando se presenta un custodio y comienza a dar los nombres de los cinco extranjeros. Nos levantamos, dimos un pequeño adiós a los demás detenidos y abandonamos el lugar.
Nos llevan a un lugar de registro, nos entregan nuestras pocas pertenencias y nos sacan del lugar camino a una camioneta diciéndonos que nos llevarían a una oficina de migración en Toluca. Afuera del penal escuche voces conocidas que gritaban mi nombre, me acerco a las rejas y puedo distinguir a muchos de mis amigos que me preguntan como estoy, les digo que mas o menos y que nos llevan a migración de Toluca.
Ellos me dicen que me van a seguir que no me van a dejar sola. Mi tía Mónica me pasa un sobre que contiene mis documentos migratorios y María Novaro, mi maestra y mamá en México, me da una chamarra para el frío. Así me subo a la camioneta que cierra sus puertas y oscuros nos vamos. Pasamos a una oficina en Toluca a buscar a una licenciada y de ahí nos llevan a la estación migratoria de las agujas en el DF.
Han de haber sido las tres de la madrugada cuando llegamos a la estación migratoria. Ahí una vez mas, un médico de mala gana constató lesiones. Dormitamos un rato porque a la hora en que llegamos no era horario de oficina, así que no había muchos funcionarios en el lugar. Dieron las 7 de la mañana y un auxiliar nos llevo cereal con leche. Luego me tomaron declaración, una declaración en donde además de preguntar por mis datos personales, me hicieron preguntas cómo: ¿conoces al EZLN?, ¿has estado en Ciudad Universitaria?, ¿participaste en el foro mundial del agua?, ¿conocías a los otros extranjeros detenidos?, etc.
Firme la declaración a la que se adjunto mi documento migratorio, una carta de mi centro de estudios, una carta de mi maestra María Novaro, mi pasaporte, mi cédula de identidad chilena y mi credencial internacional de estudiante. Estaba en eso cuando recibo una llamada del cónsul de Chile en México, quién me pregunta mi nombre, el numero de mi cedula de identidad y si tengo algún pariente en México, me informa que lo que él puede hacer es velar que el proceso correspondiente se realice en las condiciones legales pertinentes.
Regreso a continuar mi declaración y las preguntas sobre el EZLN, el subcomandante Marcos y Atenco se repiten. Mientras tanto afuera de la estación migratoria se habían congregado amigos y familiares, con los cuales no se me permite comunicar, traté de hacerlo a través de señas y carteles, pero incluso eso nos es negado.
Me llevan a un cuarto en donde hay tres hombres que me dicen que están ahí para ayudarme, ellos me toman fotos de frente y ambos perfiles y en todo momento graban la conversación. Me preguntan mi nombre y si tengo algún alias, que si conozco al EZLN, que si he ido a la Selva Lacandona, que les dé nombres que puedan dar antecedentes de mí, que qué tipo de documentales me gusta realizar.
Me dicen que mi amiga América del Valle esta preocupada por mí porque me había perdido mientras escapábamos del lugar, mujer de la cual recién en Chile me entero que es una de las dirigentes de Atenco que la policía persigue.
Al terminar el interrogatorio, mis huellas dactilares son tomadas en una maquina muy sofisticada que va a dar a una computadora. Me sacan de la sala y me llevan a otra donde hay tres visitadoras de la comisión nacional de derechos humanos y luego de que las dos españolas y yo les contamos lo que hemos vivido, nos recomiendan urgentemente solicitar un abogado para que se gestione un recurso de amparo ante una posible deportación. El ambiente ya es tenso, así que le pido a una de las abogadas una pluma y un papel, para escribir
“1 abogado” y mostrárselos por la ventana a mis amigos que están afuera, en ese momento entra un licenciado de migración y al verme escribiendo me dice: “¿necesitas un abogado?, yo soy abogado, cual es tu problema”, le contesto que quiero poner un amparo, ante lo que el me responde que no es conveniente poner un amparo porque el amparo implicaría estar en la estación migratoria un mes y que lo mas probable era que pronto saliésemos en libertad, las visitadoras de derechos humanos, lo increpan y le dicen que por favor me dejen hablar con alguna de las personas que están afuera.
La visita se concede y hablo con Berenice, con quien me dejan hablar cinco minutos, a ella le digo que necesito un amparo y me dice que eso ya esta. Me despido abruptamente de ella y luego me llevan a hacerme un chequeo médico por segunda vez en esta estación migratoria, estoy en eso, cuando un licenciado llega apresuradamente a interrumpir el chequeo y me dicen que me van a trasladar a otro lugar, yo pregunto que adónde y no se me da respuesta.
Al salir de la consulta médica me encuentro a una de las visitadoras de derechos humanos y le digo que por favor avise a mis amigos que están afuera que me van a trasladar, le pregunto al licenciado que adonde me llevan y me responde que a las oficinas centrales de migración, no me dejan seguir hablando con él y me suben a un auto particular en el que también estaba Mario, mi compatriota. Me subo, se suben tres policías, se cierran las puertas y una policía pide cerrar las ventanas. La reja de la estación migratoria se abre y el carro se va como escapándose de algo. Íbamos por periférico a más de 100 Km. por hora en medio de un tráfico contundente.
Pregunto que adonde nos llevan y no obtengo respuesta, ya en el camino, me doy cuenta que vamos rumbo al aeropuerto y que delante de nosotros van dos carros más; uno con Samantha, la alemana y otro con María y Cristina, las dos españolas. Ante la inminencia de la expulsión injustificada en todo momento, no me queda más que cerrar los ojos y apretar los dientes y pensar: otra violación más.
Llegamos al aeropuerto como a las 6 de la tarde. Nos bajan de los autos y nos ingresan custodiados a una sala completamente blanca donde nos mantienen detenidos una hora o más. Luego nos ingresan a las salas de espera al interior del aeropuerto, donde nos mantienen custodiados. Primero sale el vuelo de Samantha. Seguimos esperando y en la espera yo no hago mas que llorar, me siento mal, me paró y trato de caminar por el pasillo, se me acerca una custodia y me dice que debo estar sentada, “me siento mal” le digo, “no me voy a escapar, déjame”.
Sigo llorando y un policía se acerca y me dice: “ya no estés así, no conviene esa actitud, si te sirve de consuelo, déjame decirte que no estas deportada, que solo has sido expulsada del país, pero puedes volver a entrar en cualquier momento”. Ilusamente sus palabras me calman.
Nos llevan a un bar a fumarnos unos cigarros porque todas estamos muy alteradas. El vuelo de Lan chile de aproximadamente las once de la noche es anunciado, a mí y a Mario nos llaman, nos despedimos de María y Cristina con un apretado abrazo. Nos formamos en la fila y nos entramos al avión.
Dentro del avión uno de los pasajeros se acerca a mí y me entrega unas cartas que han mandado mis amigos que estaban afuera haciendo todo lo posible para detener esta injusta expulsión. Caen mis lagrimas de no saberme sola, la custodia que va a mi lado, me dice que qué me pasa, le cuento mi caso; le digo que llevo viviendo en México 11 años, que mi vida esta en ese país, que nunca se me dijo que estaba pasando, que todo el procedimiento ha sido ilegal, que he sido golpeada y vejada por la policía.
Me dice que a ella le avisaron 30 minutos antes de subirse al avión que viajaría a Chile, que a ella no le dijeron nada, pero que si notaba que algo raro hubo en el procedimiento, porque normalmente antes de deportar a alguien se pasa mínimo un mes en la estación migratoria, que ha de haber sido una orden dada desde arriba.
Ya asumiendo mí expulsión me pongo a platicar con ella y le digo que lugares de Santiago puede visitar el corto tiempo que dure su estadía. El cansancio y la impotencia son demasiadas, me duermo. Me despierto con la cordillera de los Andes en la ventanilla del avión. Bajamos del avión, nos entregan a policía internacional, donde nos toman declaración del porqué de nuestra deportación y/o expulsión.
Afuera me esperaba mi familia, llantos, besos, abrazos. Nos vamos al hospital a constatar lesiones y rápidamente armamos una conferencia de prensa con televisión y radio, en donde denunciamos la ilegalidad de nuestra expulsión y la brutalidad policial de la que fuimos objeto.
2.- Después de lo que les he contado quisiera hacer de su conocimiento mi total rechazo, indignación y rabia ante:
a) la utilización de la violencia física, psicológica y sexual como arma de tortura y coerción en contra de las mujeres.
b) la brutalidad policial de la que fuimos objeto todos los detenidos, más allá de nuestras nacionalidades.
c) la ilegalidad de mi deportación en dos sentidos: por haber estado mis papeles migratorios en regla y por el rechazo al amparo presentando, argumentando mi ausencia en el país, cuando yo aun estaba en México.
3) Por lo expuesto anteriormente anterior, estamos estudiando con nuestros abogados, orientar nuestras acciones tendientes a lograr:
a) Se nos restituya el derecho a seguir estudiando en México por medio de todo tipo de gestiones con el gobierno chileno y mexicano;
b) gestiones a nivel diplomático con la embajada de México en Chile;
c) poner una querella criminal contra la policía por delito de lesiones
d) entablar una demanda contra el estado mexicano por deportación ilegal.
¡No a la violación, no al uso de mujeres y hombres como objetos, no a la brutalidad y a la tortura, no a la justificación de la violencia!
Atte. Valentina Palma Novoa
APOYA A LA COMISION POR LOS DERECHOS HUMANOS
El 20 de enero publicaron un informe PRELIMINAR sobre la situación en Oaxaca, basado en más de 420 entrevistas personales con afectados, autoridades, vecinos, detenidos, etc en diciembre y enero 2006. Las conclusiones nombran 23 asesinatos, detenciones arbitrarias masivas, desapariciones, paramilitares, torturas, violaciones sexuales y otras muy graves a los derechos humanos.
En diciembre 2006 y enero 2007 visitó México una delegación de la Comisión Civil Internacional de Observación de los Derechos Humanos, que estuvo en Oaxaca. Esta Comisión, formada por una red de organizaciones europeas de la sociedad civil, ya ha estado varias veces antes en el país. En el link que sigue está su historia, y los trabajos anteriores (sobre Chiapas, Atenco, y el manifiesto de objetivos para la visita a Oaxaca en español, inglés, francés y otros idiomas):
http://cciodh.pangea.org/index/index.shtml
El 20 de enero publicaron un informe PRELIMINAR sobre la situación en Oaxaca, basado en más de 420 entrevistas personales con afectados, autoridades, vecinos, detenidos, etc en diciembre y enero 2006. Las conclusiones nombran 23 asesinatos, detenciones arbitrarias masivas, desapariciones, paramilitares, torturas, violaciones sexuales y otras muy graves a los derechos humanos.
Se puede leer y FIRMAR en apoyo a las conclusiones preliminares en este link:
http://cciodh.pangea.org/quinta/
Por favor, FIRMA y difunde esta información lo más ampliamente posible.
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Manifiesto V Comisión Internacional de Observación
por los Derechos Humanos por los sucesos de Oaxaca
Barcelona, 7 de diciembre de de 2006
A la sociedad civil mexicana
A la sociedad civil internacional
Al gobierno mexicano
A los medios de comunicación
A la APPO
En febrero.de 1998 y a raíz de la matanza de Acteal ejecutada tres meses antes, la sociedad civil internacional reaccionó con diversas movilizaciones para mostrar su repudio a la masacre realizada contra los indígenas rebeldes de Chiapas y para buscar caminos hacia una solución pacífica del conflicto.
Más de 500 personas y organizaciones de los cinco continentes avalaron la creación de una Comisión Civil Internacional de Observación por los Derechos Humanos (CCIODH) que viajó a Chiapas en esas fechas.
En noviembre de 1999, una segunda comisión realizó una nueva visita de observación para evaluar la situación en ese momento, y compararla con las observaciones y recomendaciones de la anteriores.
En febrero de 2002 se produjo la tercera visita de la CCIODH. Tras el triunfo en las urnas del nuevo gobierno, su objetivo fue verificar la posibilidad de una solución justa al conflicto. Después de la aprobación de la Ley Indígena en 2001, esta posibilidad quedó frustrada al incumplir la reforma constitucional los Acuerdos de San Andrés, tal como denunciaron el EZLN y el CNI. Así como gran parte de la sociedad civil mexicana e internacional.
En los mese de mayo y junio de 2006, se realizó la IV visita de la CCIODH. Tras los sucesos ocurridos en San Salvador Atenco y Texcoco los días 3 y 4 de mayo del presente año con el resultado de dos personas fallecidas, varias gravemente heridas, cerca de 300 detenidos y cinco personas extranjeras expulsadas en un operativo en el que participaron más de 2000 policías, se presentaron graves denuncias de abusos sexuales, violaciones, malos tratos, vejaciones y torturas que atentaron gravemente a los derechos fundamentales de las personas.
Como resultados de estas cuatro comisiones, se realizaron sendos informes que fueron entregados a todos los interlocutores de la Comisión en México, a todas las organizaciones y personas que los avalaron y a las instituciones internacionales (Parlamento Europeo, Parlamentos Nacionales, Parlamento Centroamericano, a la Oficina de la Alta Comisionada para los DDHH de la ONU, etc).
Desde mayo del presente año, estalló en el estado de Oaxaca un conflicto magisterial en demanda de mejoras salariales para los maestros de la región. Tras la represión del 14 de junio por parte del gobierno estatal, el movimiento gremial derivó en un amplio movimiento popular que exige desde hace medio año la destitución del Gobernador Ulises Ruíz Ortíz del PRI. Estos meses el conflicto se fue agudizando hasta que la intervención de la policía federal desalojó los campamentos y plantones de la APPO (Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca). A lo largo de estos meses han sido asesinados por lo menos 17 personas, han sido detenidas cientos, se han denunciado decenas de personas desaparecidas. Organizaciones de derechos humanos han documentado las torturas, maltratos y amenazas a las que han sido sometidos los presos, así como los abusos y la persecución de los grupos policiacos y paramilitares. Mucha ha sido la movilización nacional e internacional en la denuncia de estos hechos y muy grave la preocupación por atender estas denuncias para buscar una solución dialogada al conflicto.
Por todo lo anterior solicitamos a la sociedad civil mexicana así como al gobierno federal y estatal, a las organizaciones y a las ongs afectadas por estos hechos, que nos otorguen la misma confianza que nos concedieron en las cuatro ocasiones anteriores, que nos reciban y, nos den su palabra, y nos permitan realizar libre y responsablemente nuestro trabajo.
También solicitamos a todas las organizaciones que nos avalaron entonces a que lo hagan de nuevo para observar, reflexionar y diagnosticar la situación de los derechos humanos a consecuencia del conflicto.
Por todo ello, los abajo firmantes apoyamos este manifiesto para que sea entregado a los medios de comunicación, al gobierno mexicano y a las instancias internacionales así como a la sociedad civil
La CCIODH viajará a México desde el 16 de diciembre en un primer grupo para preparar y organizar la visita que continuará mediante un segundo grupo que llegará el día 7 de enero de 2007 hasta el día 20 del mismo mes para realizar las entrevistas con los actores del conflicto y, a continuación, entregar su informe a las instancias, instituciones y organizaciones, tal y como se procedió en las cuatro visitas anteriores. www.ecoportal.net
Barcelona 7 de diciembre de 2006
Comisión Civil Internacional de Observación por los Derechos Humanos email: cciodh@pangea.org
PAGINA OFICIAL DE LA APPO
La Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca tiene una web site oficial
VISITA EN www.asambleapopulardeoaxaca.com
lA INFORMACION ES EXCELENTE Y ESTA BIEN ORGANIZADA
V I S I T A L A

